Cómo diferenciar una hernia discal de un dolor de espalda

Cómo diferenciar una hernia discal de un dolor de espalda

Mientras que un dolor de espalda común desaparece tras unas horas o después de un reposo, los síntomas de la hernia pueden durar días o incluso semanas

El dolor de espalda es uno de los problemas médicos más comunes y, de hecho, se estima que 8 de cada 10 personas tendrán alguno en el transcurso de su vida.
Existen varios factores que pueden influir en su aparición así como en su intensidad y su duración.
La mayoría de dolencias de este tipo suelen ser leves y desaparecen de manera espontánea tras guardar reposo o ejercitar el área afectada; no obstante, en muchos casos la molestia es recurrente y puede deberse a un problema más crónico que requiere de más atención.

A menudo las personas prefieren ignorar la tensión en su espalda por pensar que es algo normal y temporal; lo cierto es que esto no debería ser así, ya que muchas veces es una señal de alerta de que algo más está pasando.
La hernia discal es una de esas afecciones que las personas suelen ignorar por creer que se trata de un dolor común de espalda. Lo que más preocupa es que los síntomas avanzan con el paso de los días y se hacen cada vez más difíciles de tratar.

Por esto, es muy importante saber diferenciar ambas dolencias y procurar darles un tratamiento oportuno.

¿Qué es una hernia discal?

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Las vértebras de la columna están separadas por una especie de almohadilla (discos intervertebrales) que tiene la función de amortiguar posibles traumatismos y evita que los nervios se compriman.
Estos discos facilitan el movimiento entre las vértebras y le dan al cuerpo la capacidad de hacer movimientos, como agacharse o estirarse para alcanzar algo.
No obstante, con el paso de los años, estos van perdiendo su elasticidad y dejan de ser tan flexibles como en las edades más jóvenes. A partir de entonces se hacen más débiles y, ante determinados movimientos, pueden salirse de su lugar (herniarse), o incluso romperse como producto de una lesión o un esfuerzo excesivo.
La persona empieza a experimentar un intenso dolor en uno de los lados del cuerpo, entumecimiento, debilidad y dificultad de movimiento, y es entonces cuando se diagnostica un problema de hernia discal.

¿Qué diferencia existe entre hernia discal y dolor de espalda?

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El síntoma principal de una hernia discal es un dolor de espalda que poco a poco incrementará su intensidad (de ahí el hecho de que se confunda con el tipo de dolor común).
La manera de diferenciarlo es teniendo en cuenta que el dolor provocado por una hernia de disco aumenta al toser, tratar de flexionar el cuerpo o por estar sentados durante tiempo prolongado.
Suele ser menos doloroso estar tumbados con las piernas flexionadas o caminar en lugar de estar de pie por mucho rato. Por lo general, con la hernia se presenta una sensación de pérdida de fuerza, debido a la compresión de las raíces nerviosas. Esto no ocurre con el dolor común.
Si el problema es crónico por el rompimiento o lesión del disco, la medula espinal puede verse comprometida y la persona puede perder el control de sus hábitos de micción y excreción.
Además, uno de los aspectos más evidentes es que los síntomas de hernia pueden permanecer días e incluso semanas, mientras que un dolor común desaparece en cuestión de horas o después de un breve reposo.

¿Qué se debe hacer en caso de hernia discal?

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La primera medida que se debe tener en cuenta ante los síntomas de una hernia discal es consultar de inmediato al médico para valorar la gravedad del problema.
Una de las opciones para tratar esta condición es la cirugía, pero no garantiza la eliminación del 100% de dolor.
Por esto, muchos de los pacientes diagnosticados han encontrado en la medicina alternativa tratamientos para mejorar este problema y evitar que afecte su calidad de vida.
Estos incluyen:
  • Termoterapia
  • Electroterapia
  • Tracciones lumbares
  • Collarines
  • Fajas
  • Masajes
  • Hidroterapia
  • Remedios naturales analgésicos
Además de las terapias, también se recomienda tener en cuenta otrosconsejos que pueden contribuir a calmar el dolor:
  • Dormir sobre un colchón adecuado, con una tabla debajo.
  • Adoptar una posición fetal para dormir, con una almohada entre las piernas para evitar que las caderas tengan movimiento rotatorio.
  • Evitar acostarse “boca abajo”.
  • Tener cuidado al levantarse de la cama.
  • Reposar unas horas, pero no de manera prolongada. El movimiento suave es muy importante para la recuperación.
  • No hacer esfuerzos indebidos como por ejemplo levantar algo muy pesado.
  • Caminar o nadar durante 30 minutos diarios, incluso después de calmar el dolor.
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